Un ente llamado...
Fuente: Historias de un disidente.
5 del 4 de 2011
Michael. Era un tipo de estatura media, moreno, y algo ancho de huesos. En cuanto a personalidad, era tímido, introvertido y no había tenido una infancia precisamente próspera y alegre, lo cual no era impedimento para que, ante cualquier problema o adversidad, siempre esbozara una sonrisa de oreja a oreja. No importaba lo que sucediera, la sonrisa para él siempre curaba todos los males. Siempre había tenido miedo ante el rechazo social. Mike puede decir, que, gracias a ello, es lo que es, ya sea para bien o para mal. Su aislamiento del resto hicieron posible que desarrollara su amor hacia la cultura, algo raro en un joven de hoy día, y, más concretamente, hacia la Historia, destacando la Historia de España de la Edad Moderna.
También era un gran amante del baloncesto, más específicamente de la NBA, cuyas revistas mensuales eran fruto de su pasión. Era seguidor de los Bulls, y contaba con escasos años en los 90's cuando el gran Jordan, secundado por Pippen, Rodman y Harper, conquistó la friolera de 6 anillos de campeón.
Asimismo, detrás de ese cuerpo robusto y fornido, se mostraba un adolescente en ciernes de adulto demasiado inseguro. A Michael le afectaba una mínima tontería, incluso con gente que no le importaba. Aunque su tristeza y su melancolía sacaban lo mejor de sí: su inspiración. Era una eminencia transmitiendo e inventando sobre el papel que posteriormente pasaría a las teclas. Se construía así su segunda realidad, que ojalá para él fuera la primera.
Tras su inteligencia, se hallaba también un alto grado de gilipollez, para qué engañarnos. Será que todos los humanos cometemos errores, y, mucho más, los adolescentes en ciernes de adultos, los cuales tenemos que pegarnos pequeñas hostias que nos hagan aprender.
Pero hay fallos cruciales. Hijas de puta que no pasan ni una. No sabes cuánto le jodía que compartieran clase día a día, y, además, se sentara en la banca de delante. Casi nada. Le hervía la sangre al ver cómo tonteaba con ese energúmeno que tiene un imán para las tías, y, aunque él la creía diferente, siguió la misma senda que la manada. No se podía cuantificar con palabras las ganas que Mike le tenía a ese tipo de ascendencia italiana. Ha tomado aquello que Michael creía suyo. Llamadle envidia, ya que muy probablemente lo sea. Michael escuchaba todo el día el puto nombre de la susodicha. Debía pensar en esas fantasías juveniles y perfectas de qué bonito es el mundo, pero, no, amigos, me temo que os equivocáis.



