LIMPIEZA DE AGENDA
Fuente: This is my blog.
20 del 9 de 2009
Hace unos cuatro años, coincidiendo con el cambio de ciudad, decidí que iba siendo hora de librarme de “amistades” que no me aportaban nada, y que lo único que hacían eran agotarme la energía, ya que, o solo me buscaban cuando me necesitaban, o únicamente lo hacían para contarme sus penas; y en una ocasión, dos… tres…, bueno, pero siempre…. Supongo que buscaban compañeras de depresión, porque con tanta pena empujan a la persona que escucha a entrar en una. Por todo esto, aprovechando la distancia puesta de por medio, decidí quedarme con unas muy pocas personas en la agenda que pudieran contar con mi amistad, que además, lo demostraban, ya que eran las únicas personas con las que seguía manteniendo el contacto.
Luego pasa lo de siempre. Cuando por navidad o en vacaciones vuelves a la ciudad que te vio crecer, te encuentras con alguno de estos sujetos y te suelta la famosa frase: “Uy, a ver si quedamos y me cuentas cómo te va por allí”. Sí, claro que vamos a quedar, tantas veces como me has llamado, porque… no pretenderás que te cuente en una hora todo lo que me ha pasado en un año ¿o sí?, Ahhh, que no es para preguntar por mi vida… es para contarme tus penas… Lo siento, chata, he quedado con otra gente que sí que conoce todo lo que me ha pasado día por día, y vamos a reírnos de la vida, no a llorar por la tuya.
¡¡Que bien sienta decir esto y quedar mal con la gente que te da igual!!
Y es que, como ya comenté en otra anteriormente, mi principal defecto, es que le doy demasiada importancia a la amistad y a las relaciones personales, o tal vez es que me comprometo demasiado, pero me gusta recibir lo mismo que ofrezco.
Cuando cambié de trabajo hace cinco meses, lo único que me costó dejar en aquella empresa, fue unas compañeras, que nos apoyábamos mutuamente cuando teníamos problemas, y nos íbamos a comer juntas de vez en cuando para desconectar del estrés de la empresa. Siempre pasa que cuando una abandona el barco, (que después se sumaron más), se intenta mantener el contacto, pero cada vez cuesta más.
Somos 6 compañeras, y para ponernos todas de acuerdo para quedar, es difícil, pero lo hemos ido haciendo, aunque es normal que casi siempre una falle.
Justo ayer, sábado, habíamos programado un intento de cena y discoteca, que llevábamos planificando dos meses. Como siempre, en el último momento, dos se rajan y una decide cambiar de día. Y esto es lo que me revienta. No es algo que se había planificado el día antes. Sabíamos todas que ayer, día 19, habíamos quedado, y yo, por lo menos, cambié todos mis compromisos para tener libre ese día, cosa que ya veo que las demás pasaron de respetar. Además, justo ese día me tocaba guardia, y la tuve que cambiar para poder ir a la cena, y con el cambio, me toca hacer guardia en uno de los pocos puentes que toca este año. Y después de todo esto, ¿me dicen que la quieren cambiar y que dos no van?? Vale, hacedlo, pero no volváis a contar conmigo para nada más. Bueno, parece ser que con mi cabreo reaccionaron un poco, y decidieron seguir adelante.
Habían insistido en ir a cenar a un lugar muy "original" y barato, tan barato, que casi nos toca cocinar. Una especie de self-service en plan IKEA: yo busco la mesa, yo pongo la mesa, yo voy por los platos, y al acabar, yo recojo la mesa, y como decía cierto cómico que me encanta "Y aún tienen la desfachatez de decir que trabajan allí". Solo nos falto cocinar y fregar los platos, pero como ya habíamos pagado, supongo que eso nos lo perdonaron. Cuando se lo conté a mi churry, flipó pepinillos; me dice: “Cuando voy a cenar fuera, es para que me sirvan, sino me quedo en casa”. Y tiene toda la razón del mundo. A pesar de eso, como el objetivo era estar juntas, ponernos al día, y pasarlo bien, estas cosas se pasan un poco por alto.
Mientras cenábamos, me sorprendí un poco de los temas que tratábamos. Sí, era noche de chicas, pero no para tratar temas exclusivamente femeninos. Una, echándome la bronca porque no estaba de acuerdo con mi método anticonceptivo recetado directamente por mi médico, y me lo dice precisamente la que hace dos meses ha dejado de tomar la píldora anticonceptiva para descansar de hormonas sin consultarlo con ningún médico, y no está usando ningún otro método con su pareja, exceptuando el “control” y no me refiero a la marca de preservativos. Esto lo dice la misma chica que no hace más que repetir que, a pesar de llevar 10 años viviendo con su pareja, de la que dice que está superenamorada, que le quiere muchísimo y que le adora, que a pesar de todo esto, no se ve toda la vida con él, con lo cual, lo que tiene pensado es adoptar un niño ella sola, para no tener que compartirlo con su novio (y luego la rara soy yo). Chica, que quieres que te diga, pero como sigas usando ese método anticonceptivo de “control”, me parece que no vas por buen camino para lo que te has propuesto.
Otra va y dice que con 26 años, y llevando 4 meses con su pareja, ya se está planteando vivir juntos y tener familia, porque claro, después es demasiado tarde, ¿Demasiado tarde para qué? Entonces me vuelven a preguntar por mi edad: 33, sí, ¿y qué? y sin ganas de tener familia, ya habrá tiempo para ello, total… según lo que dice, pasados los 26 ya es tarde… pues habiéndome pasado la edad, seguiré esperando (y disfrutando de un montón de cosas, que con una criaturita ya no se pueden hacer), que no tengo ninguna prisa ni ganas. “¿pero es que no te gustan los niños?” Sí, con patatas fritas. ¿Queréis dejarme en paz??. Y erre que erre, que lo mío es todo fachada, que no soy tan dura, hasta que me calentaron tanto que acabé diciendo que no por el hecho de ser mujer te ves obligada a tener familia, ni te tienen que gustar los niños por un presupuestado instinto maternal, que de hecho, no me gustan los niños y que si por mi fuera, no los tendría, y que si me lo estoy plateando (en el futuro, muy en el futuro) es por respeto a los deseos de mi pareja, que también respeta los míos y estamos negociando el tema. Ufff. Con todo esto, salta la otra, la que faltaba por hablar, que es madre de un hijo, a comentarnos su experiencia del parto, lo más doloroso pero más bonito del mundo, según ella. No hay tema que odie más, que los detalles de la elasticidad vaginal. ¡¡Por dios, que estamos comiendo!!. Y siguen hablando de lo horrible que queda la vagina después de un parto. De verdad, de verdad, que cada vez que alguien habla de esto, me reafirmo más en mi idea de contribuir a la causa del embarazo masculino. Menos mal que introduje el tema del método de hacer niños, es decir, el sexo, y la conversación se volvió más divertida, incluso para las mesas de al lado, que no perdían detalle de nada, y creo que sufrían tanto como yo con el tema del parto. Ufff, que mal rato.
Después decidimos ir a tomarnos algo, antes de entrar en una discoteca en la que ponen música que nos gusta más o menos a todas. A mi me gusta mucho este sitio porque no ponen nada de pachanga; sólo rock, pop de otras décadas, y con suerte alguna canción cañera.
El caso es que entre las dos botellas de vino que se habían bebido, los mojitos de después y la tontería de que una viera a su novio de fiesta y le entrara sentimiento de culpa, a pesar de que todas nuestras parejas sabían que era “noche de chicas”, hizo que la noche fuera degenerando.
Otro problema que tengo, es que yo no bebo alcohol, no me gusta, y no lo considero necesario para divertirse. A pesar de esto, respeto que la gente beba para pillar el “puntillo gracioso”, pero cuando se pasan y esto va a más, ya no lo soporto, porque jode la fiesta al resto del grupo. Y así pasó con la que había visto al novio, iba haciendo eses por la calle, escribiendo un sms por el móvil y como no veía por donde iba, teníamos que estar pendiente de ella porque se iba detrás de cualquier grupo pensando que éramos nosotras. Estuvo a punto de entrar en dos bares diferentes con otro grupo al que se puso a seguir, y como era las otras dos iban a su bola, sin esperar, yo tenía que estar guiando a esta chica. No hubiera estado mal dejarla entrar en algún bar, total, tenía el móvil para que su churry viniera a rescatarla.
Finalmente y dando un rodeo del cuatro, llegamos a esta discoteca/garito. Ya me estaba empezando a mosquear con toda la tontería. En el momento que llegamos, no había mucha gente, con lo cual la música que pinchaban no era muy conocida, pero estaba bien. Pues ya empezaron las quejas: “jo, no hay gente, ¿Qué música es esta?” La otra dando tumbos y con los zapatos en la mano porque le dolían los pies. Llevábamos 15 minutos en el garito este y aunque la música me gustaba, ya estaba pensando en irme por no aguantar estas tonterías. Entonces cambió la música, porque el sitio este ya se estaba llenando, y nos fuimos para la pista. Parecía que ellas también se lo pasaban bien, empezaron poniendo una canción de Jet, otra de Dover, y siguiendo esta línea, y de la forma en que bailaban parecía que se lo estaban pasando bien, cuando una se para y dice: “Me voy a casa”. Y todas: “Pues… nosotras también, claro, que… si tu te quieres quedar… pues nos quedamos”.
Ya está. Iros a la mierda. Nos vamos a casa. Solo hemos estado 45 minutos en este bar y cuando la cosa se empieza a animar, decidís que es hora de irse. Pues nos vamos, porque paso de aguantar malas caras, pero aguantareis la mía. Yo no salgo para ir a cenar a un sitio en el que me tengo que poner la mesa, ir a por los platos a la barra cuando te llaman, tomar una piña colada en un bar petado de gente, y luego hacer de niñera porque una de nosotras, a pesar de ser ya mayorcita, pasarse con el alcohol. Qué queréis que os diga, paso de este plan, y lo mejor que puedo hacer ahora, antes de liarla más, es irme a casa.
Así que en una sola noche acabo de borrar cinco personas de mi agenda de amigos VIP, compuesta por la gente que le da la misma importancia a la amistad que yo.
Ahora me pregunto, si el problema tal vez lo tenga yo: No sé si me estoy haciendo mayor, o es que no quiero hacerme mayor, porque me sigue gustando ir a bailar música dura o rock, o es que no encuentro gente me siga, que creo que también influye.
Sea como sea, sigo agradeciendo estas decepciones porque me ayudan a tener las cosas más claras, y valorar más aún la gente que no me falla.




