Un tiempo atrás no pensaba en una vida entera. Entera pueden ser cinco años más, diez, más, menos. Pero es que aunque me falte el aire siento que respiro, y puede que sea porque hay sueños que realizar, labios a los que besar, miradas a las que me tengo que entrelazar. Porque me falta una vida contigo, aunque no dure en el tiempo, ni en el espacio, aunque se rompa, o por el contrario, dure una eternidad de cinco años, diez, más, menos. Qué más da... Pero es contigo, dure lo que dure, como si son cinco segundos, diez, más, menos. Sólo espero que me alcance la vida para darte, al menos una pequeña parte de todo lo que tú me has dado. Cada deseo que tú me adivinas, cada sonrisa que me despiertas, cada palabra que huye de tus labios para mí, cada atención, incluso hasta cuando mi humor no acompaña, y tu paciencia, divina paciencia que te han otorgado, se dibuja para calmar los ánimos de mis batallas cotidianas y de mis enfados.
No sé en qué punto te crearon tan perfecto, pues no parece humano lo que tú me das. Sólo espero que si algún día muere el amor del que hacemos gala, pues todo tiene algún final, sólo y exclusivamente, me queden los buenos recuerdos y la memoria los traiga de forma maquinal.