¿Es el Universo Benevolente, Malevolente o Indiferente?

Fuente: Aletheia.
10 del 2 de 2012


Pregunta que se plantea y desarrolla brevemente el empresario Myshkin Ingawale en un artículo de Newscientist, y que pone de manifiesto la tendencia de la cognición humana a creer en los desenlaces felices,  la expectativa de “benevolencia teleológica”: los procesos cognitivos asumiendo el optimismo por default. Es esto o no hay salud mental.

Los psicólogos han dado nombre a la disposición innata que nos lleva a creer que pese a todo las cosas llegarán a buen término: las ilusiones positivas.  Ryan Makay y Daniel Dennett proponen abiertamente que esta peculiaridad psíquica es producto de la evolución por selección natural -en su ensayo “La Evolución de las Creencias Falsas”, aunque posiblemente el término más apropiado sea “subproducto evolutivo.”  Y pienso que no se necesita de forzar mucho las explicaciones si suponemos que pese a la enorme complejidad del cerebro humano la homeostasis del los procesos cognitivos está sesgada hacia la búsqueda de las recompensas y la evitación del estrés.

Nuestro cerebro no puede operar bajo la asunción que la realidad es “indiferente”, siendo sólo posible y deseable en contadas situaciones, como al observar las directrices del método científico. Y algunos pocos desafortunados individuos quedan dominados por la percepción negativa, de que la realidad es fundamentalmente “malevolente”, viviendo atormentados por fantasías paranoicas o conspiranoicas. 

Seguramente si los sistemas nerviosos hubiesen evolucionado hacia el escepticismo, dominados por la indiferencia conductual, o a tener omnipresentes las probabilidades de malevolencia de la realidad, se hubiesen extinguido los organismos más complejos por no servir a los propósitos de la sobrevivencia. En este sentido la biología es incansablemente “optimista.”

Se especula que la religión es benéfica a la salud gracias a las ofertas benevolentes de un Dios, especialmente cuando se hace presente la adversidad, y que sin embargo para los creyentes en el monoteísmo Abrahamico esta cualidad de bondad queda contrabalanceada por la malevolencia implícita de creer en una vigilancia y castigo sobrenaturales: el implacable contabilizador de conductas deshonestas.

Posiblemente para ateos y agnósticos, sin tormentas de conciencia ni paraísos imaginarios, la compensación provenga de la tranquilidad de saberse libres, fundamentalmente inaccesibles en la intimidad de sus pensamientos, imaginación y sentimientos, para cualquier otra agencia que no sea la propia.

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