El contacto de Miró con el movimiento surrealista
Fuente: Impacto Coleccionables.
22 del 11 de 2011

Litografía de Miró
Es en la primera época de Joan Miró en París cuando se aproxima a las manifestaciones dadaístas con Tristan Tzara, que también ha llegado a París. En este conjunto de solicitaciones contradictorias –frecuenta el Louvre y los grupos que defienden la destrucción del arte como institución-, Miró consigue recuperar su espíritu crítico.
La obra maestro de este periodo particularista es ‘La masía’, de 1921-1922, cuadro poco apreciado por los demás artistas, rechazado por todas las galerías y que será comprado por el escritor Ernest Hemingway en 1923 como regalo para su mujer.
No se puede olvidar que, cuando el artista hace su primer viaje a París, el cubismo acababa de fragmentar y reconstruir el espacio pictórico, el color había adquirido vida propia en los cuadros de los Fauves, y el movimiento dadá, nacido de la aislada experiencia de Zurich, había trastornado todo orden artístico.
Contacto con Breton
Jacques Dupin sitúa en la experiencia parisiense lo que define como una auténtica “revelación”: Miró parece casi haber metabolizado los descubrimientos innovadores y revolucionarios que allí se están produciendo. Allí comienza asimismo la peculiar relación de Miró con André Breton.
En este sentido, Miró representa una excepción en el panorama artístico que se estaba definiendo y su trayectoria se desarrolla en paralelo al movimiento surrealista, más que ser una adhesión total a dicha corrienta.
No hay nada en Miró del programatismo que Breton imponía con sus escritos; al mismo tiempo, no hay nada más cierto que el automatismo ejercitado por Miró. De hecho, su creatividad rebosa irrefrenable, despegada de todo tipo de representación; evocadora y poética, nace de sí misma y sobre sí misma. Miró afirmará mucho más adelante: “¡Empiezo un dibujo y puedo acabar haciendo diez, quince! Se suceden, salen uno de otro”.
Escritura automática
La escritura automática (elaborada por primera vez por André Masson) es una transcripción inmediata del pensamiento psíquico; es el medio con el que, según los diversos manifiestos surrealistas (el primero es de 1924) y las revistas que los acompañan, el artista expresa el poder del sueño y del inconsciente a través de la realización figurativa y poética guiada por la casualidad y ajena a toda lógica.
El uso de este recurso, según los surrealistas, no deja lugar a la intervención de la razón, que censura las manifestaciones del pensamiento, el cual queda de este modo libre, no amordazado por la moral y la estética, desde siempre vinculadas al concepto de arte tradicional.


