capítulo LXXVIII: san Valentín no existe.

Fuente: 2010 Odisea en mi espacio.
8 del 2 de 2012

Y otra vez san Valentín y el maldito Cupido vuelve a arañarme con sus flechas doradas. Vuelve a golpearme la nuca con su risa burlona. Siempre se crece ante mis desgracias y disfruta como un niño alado de ver que un año más no espero flores ni bombones. Maldito ángel asexuado condenado a revolotear en pañales buscando víctimas a las que envenenar con la falsa promesa de un amor eterno. A veces hasta siento lástima por él. Tanto tiro de flechas y él nunca recibirá una. Es la única razón por la que no me enfado con él a pesar de la escasa puntería que tiene conmigo.

Este año lo ha intentado, ¿o he sido yo y le estoy atribuyendo todo el mérito al enano con alas? Lo cierto es que algo he notado, no sé si fue alguna de sus errantes flechas o el acero de una hoja afilada. Lo único que sé es que hasta hace nada ni siquiera sabía tu nombre, no te había prestado la más mínima atención hasta aquel día en que tú me la prestaste a mí. ¿Por qué yo? ¿Qué me has hecho para que no pueda borrarte de mi mente ni un instante? Era más feliz cuando no estaba pendiente de tu presencia y cuando ésta no ponía en alerta a todo mi cuerpo sacudiéndolo a su antojo como si de una maraca de piel y huesos se tratara. No soy capaz de ser yo misma si te tengo a escasos metros y eso me enfada. Pataleo en el interior de mi habitación al ser consciente de que no soy dueña de mí misma cuando estás cerca.

La culpa es tuya, por abrazarme de aquella manera, por llenarme de caricias y besos sin siquiera pedirlos. La culpa es tuya por hacerme sentir tan cómoda entre tus brazos, aunque nunca antes nos hubiésemos tocado. La culpa es tuya por desaparecer y hacer que me enganche aún más a ti. La culpa es tuya por ser tan parecido a mí y ni siquiera darte cuenta. La culpa es mía por obsesionarme con las historias que más me hacen sufrir. La culpa es mía por creer en ti. La culpa es mía por creer en mí. La culpa es de san Valentín.

Recomendar a un amigo